Es una pregunta habitual entre los viajeros que buscan aventuras en Latinoamérica. Durante décadas, el país ha estado asociado a la violencia, el narcotráfico y los conflictos armados. Nombres como Pablo Escobar y las FARC han dejado su huella en el imaginario colectivo, y para muchos, la imagen de una Colombia inestable persiste a día de hoy. Sin embargo, esta percepción ya no refleja la realidad del país tal y como es hoy.
Desde el año 2000, Colombia ha experimentado profundos cambios. La seguridad ha mejorado mucho gracias a las políticas de paz, desarrollo y reconciliación. Millones de viajeros se desplazan cada año para descubrir sus playas caribeñas, su naturaleza exuberante, sus ciudades dinámicas y sus gentes hospitalarias. Pero, ¿significa eso que no hay riesgos? No exactamente.
En este artículo, repasamos la situación de la seguridad en el país, las precauciones que hay que tomar y la situación, aún delicada, de algunas regiones. Porque comprender los matices de la situación actual es esencial si quieres viajar con tranquilidad a Colombia, un país que merece ser visto de otra manera y que atrae a varios millones de visitantes al año (el 3er país más visitado de América Latina después de México y de República Dominicana).
Situación del país
Tendencias de la violencia: mejora continua
- 1948-1958: inestabilidad y estallido de violencia. El conflicto armado en Colombia se remonta a mediados del siglo XX, en un contexto marcado por profundas desigualdades sociales, la ausencia del Estado en amplias zonas rurales y la violencia política. Tras la guerra civil conocida como La Violencia (1948-1958), que enfrentó a liberales y conservadores, surgieron varios grupos de inspiración marxista, entre ellos las FARC (1964) y el ELN (1965), para exigir una reforma agraria y justicia social. Sus luchas se intensificaron ante la represión del ejército y la creciente influencia de los grandes terratenientes. En la década de 1980, el conflicto se hizo más complejo con el auge de los cárteles de la droga y la aparición de milicias paramilitares apoyadas por las élites locales. Colombia entró así en una guerra prolongada en varios frentes, combinando ideología, narcotráfico y poder territorial.
- Años 1980-1990: cárteles de la droga y guerrillas. La década de 1980 vio el auge de los carteles de Medellín y Cali, dirigidos por Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela, que sembraron el terror (atentados con bomba, asesinatos selectivos, secuestros) para controlar el comercio de cocaína. En 1989, el candidato presidencial Luis Carlos Galán, feroz opositor a los narcotraficantes, fue asesinado por sicarios vinculados a los carteles. Medellín se convirtió en «la ciudad más violenta del mundo», con una tasa de homicidios de
381 por 100.000 en 1991. Al mismo tiempo, la guerrilla marxista de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y otros grupos (ELN) controlaban vastas zonas rurales, llevando a cabo emboscadas y secuestros (incluido el secuestro de la rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt en 2002). - Finales de los 90 – principios de 2000: lucha armada y desarme. Bajo la presidencia de Álvaro Uribe (2002-2010), el Estado lanzó la «política de seguridad democrática» y, con apoyo internacional (Plan Colombia), intensificó la lucha contra los grupos armados. Los paramilitares (Autodefensas Unidas de Colombia, AUC) empezaron a desmovilizarse en 2003, y su desmovilización se formalizó con la Ley de Justicia y Paz en 2005. Pablo Escobar, símbolo del narcoterrorismo, fue abatido por la policía en 1993. Según la ONU, el número de homicidios anuales descendió de más de 27.000 en 2002 (máximo histórico) a unos 20.000 a finales de la década de 2000.
- 2012-2016: paz con las FARC. Bajo la presidencia de Juan Manuel Santos (2010-2018), las negociaciones condujeron a un histórico acuerdo de paz firmado el 26 de septiembre de 2016, que puso fin oficialmente a casi 50 años de conflicto armado con las FARC. Este alto el fuego definitivo fue aclamado como «el último día de la guerra». Las fuerzas gubernamentales y las FARC cesaron las hostilidades, y miles de guerrilleros depusieron las armas. Los efectos fueron inmediatos: la tasa de homicidios cayó a su nivel más bajo desde 1974 (24,4/100.000 en 2016). El turismo se disparó en Cartagena y Medellín.
- Desde 2017: avances y violencia residual. La paz no es absoluta. Después de 2016, las FARC se dividieron: la mayoría inició una transición política, pero los disidentes rechazaron el acuerdo, se unieron a nuevos grupos armados o se reorganizaron (ex FARC disidentes, Clan del Golfo, ELN fortalecido). Los homicidios, tras haber disminuido, están aumentando ligeramente: la policía contabilizó ~25.850 homicidios en 2022, una tasa de 26,1/100.000. En algunas zonas rurales del suroeste (Caquetá, Nariño, Cauca, etc.) está resurgiendo el conflicto armado local, con atrocidades cometidas por grupos disidentes. Además, la proliferación de armas y de narcotraficantes alimenta un clima de inseguridad, en particular en algunos suburbios urbanos (robos, asaltos). La presidencia de Gustavo Petro (desde 2022) aspira a la «paz total», pero se enfrenta a estos retos sobre el terreno, en particular un aumento de los asesinatos de líderes sociales en 2022-2023.
Grandes avances, pero retos persistentes
A pesar de los problemas que persisten, la tendencia a lo largo de varias décadas es positiva: Colombia es ahora mucho menos violenta que en 1990. Según la Organización Mundial de la Salud, el homicidio solía representar el 15% de todas las causas de muerte; en 2021, la tasa de homicidios se ha reducido a la mitad en comparación con la década de 1990. Las ciudades que antes eran mortíferas han cambiado su perfil. Bogotá, la capital, redujo su tasa de 81/100.000 en 1993 (4.352 homicidios) a sólo 19/100.000 en 2007 (1.401 homicidios), como resultado de la política «Comunidad Segura», que ha mejorado la seguridad urbana. La propia Medellín, «milagrosamente» transformada, pasó de una tasa de 381/100.000 en 1991 a 20,17 en 2015. A esta «metamorfosis» ha contribuido el plan de desarrollo urbano, que combina infraestructuras sociales con un cuerpo de policía más fuerte.
Medellín (Antioquia) muestra el contraste: antaño campo de batalla de los cárteles (381 homicidios por 100.000 en 1991), la ciudad se ha beneficiado de las reformas urbanas y del desarme de los paramilitares para reducir drásticamente su delincuencia (≈20/100.000 en 2015).
Al mismo tiempo, la desmovilización de los paramilitares en la década de 2000 (acuerdos de paz de Uribe, desarme de las AUC en 2006) ha limitado el número de masacres de civiles. Los secuestros políticos, que todavía atemorizaban a la población en los años 90 y 2000, han disminuido considerablemente (menos de 200 casos al año en la actualidad, frente a miles anteriormente). En conjunto, los indicadores (homicidios, secuestros, desplazamientos de población) muestran descensos significativos después de los acuerdos de paz, como ha puesto de relieve la Comisión de la Verdad (450.000 muertos entre 1985-2018 y 7,7 millones de desplazados): estas cifras, aunque siguen siendo elevadas, dejaron de aumentar después de 2016.
Sin embargo, sigue habiendo enclaves de violencia. Los homicidios siguen concentrándose en las regiones periféricas y fronterizas pobres, con altos niveles de delincuencia en algunos de los barrios más pobres de Bogotá y Medellín. Los departamentos rurales del suroeste (Cauca, Nariño, Chocó, etc.) están marcados por los conflictos entre grupos armados y traficantes. Las «bandas armadas emergentes» (BACRIM) se dedican a la extorsión y al narcotráfico, incluso en ciudades medianas y pequeños centros urbanos (desde 2017, varias ciudades colombianas figuran regularmente en las tasas de homicidio más altas del mundo, entre ellas Sincelejo en 2023). La delincuencia callejera (carterismo, extorsión, asalto) también sigue siendo un problema urbano, y las autoridades y los medios de comunicación señalan un reciente repunte de los robos con escopolamina en el transporte público y los bares.
Seguridad por regiones y percepción internacional
Según los expertos y las autoridades extranjeras, la seguridad varía mucho de un lugar a otro:
- Bogotá (capital): generalmente segura en comparación con los años 90, con una tasa de homicidios baja para una metrópoli (19/100.000 en 2007), pero hay que permanecer vigilante en ciertos barrios populares (robos con violencia en Chapinero, Kennedy, etc.).
- Medellín: sigue siendo relativamente segura para los visitantes, sobre todo en las zonas turísticas de El Poblado y Laureles. El centro de la ciudad es más concurrido, y no es aconsejable viajar solo de noche por la periferia o los barrios populares. En general, Medellín se cita como modelo de regeneración urbana.
- Cartagena (Caribe): destino turístico de primer orden, el casco antiguo amurallado y las zonas costeras (Bocagrande, Getsemaní) son «generalmente seguras «. Sin embargo, se recomienda vigilancia por la noche y, como en cualquier ciudad turística, se producen pequeños delitos (carteristas).
- Ciudades medianas (Cali, Barranquilla, Bucaramanga, etc.): experimentan distintos niveles de violencia, a veces elevada en zonas urbanas desfavorecidas (Cali experimentó un aumento de la violencia vinculada a los neoparamilitares en 2011, aunque la delincuencia en general está disminuyendo).
- Zonas rurales y fronterizas: En la actualidad, existe un claro contraste entre dos tipos de zonas rurales. Por un lado, muchas regiones agrícolas y turísticas del corazón del país -sobre todo en el Eje Cafetero, alrededor de ciudades como Salento, Manizales y Armenia- son en general muy seguras. Se benefician de un fuerte desarrollo económico, una mayor presencia del Estado y un entorno tranquilo. En cambio, las zonas rurales más aisladas, a menudo situadas cerca de las fronteras (con Venezuela, Ecuador o Panamá), como ciertas partes del Putumayo o Norte de Santander, siguen siendo más peligrosas. Estos territorios siguen siendo a veces disputados por grupos armados ilegales (ELN, disidentes de las FARC, traficantes), que ejercen un control parcial, imponen reglas locales o incluso organizan bloqueos o toques de queda.
A nivel internacional, las percepciones siguen siendo prudentes. Las clasificaciones mundiales (índice de paz, tasa global de homicidios) sitúan a Colombia entre los países más violentos de su región. Por ejemplo, el Índice Global de Paz 2024 sitúa a Colombia en el puesto 146ᵉ de 163, incluyéndola entre los Estados plagados de conflictos latentes.
Dicho esto, el número de visitantes internacionales se ha disparado desde 2016, prueba de que parte del mundo ya no considera a Colombia tan peligrosa como antes. En 2019, Colombia recibió cerca de 4,5 millones de turistas (un récord) y el aumento continúa (casi 7 millones en 2024, ¡más que Brasil!). Las guías de viaje ensalzan ahora la diversidad de las bazas del país: playas caribeñas, Andes, cultivo del café, dinamismo de las ciudades… Todo ello sin dejar de mencionar las «precauciones clásicas» (evitar las zonas prohibidas, no mostrar objetos de valor, etc.). El regreso de organizaciones internacionales a Colombia (Francia, la ONU, etc.) también da fe de la mejora general.
Seguridad turística en Colombia
Colombia atrae cada vez más visitantes (las llegadas aumentaron un 34% en 2023 con respecto a 2019), pero las autoridades insisten en que sigue siendo necesaria la vigilancia. Los asesores oficiales (embajadas de Francia, Canadá y Estados Unidos) informan de la persistencia de la delincuencia, sobre todo en las grandes ciudades, con frecuentes robos de carteras y asaltos a mano armada, incluso durante el día. En resumen, aunque la situación ha mejorado (la delincuencia bajó un 10,9% entre 2022 y 2023 según la policía nacional), los viajeros deben permanecer alertas.
Riesgos comunes
- Estafas habituales (taxis, cambio de divisas, falsas excursiones) – Los turistas son con frecuencia objeto de estafas. Por ejemplo, algunos taxistas exigen erróneamente el pago con tarjeta («máquina averiada») o «pierden» su billete grande fingiendo que no pueden dar cambio. En otros casos, el taxi se desvía mucho para inflar la factura, o el taxímetro no funciona o está manipulado. Por ello, te recomendamos acordar el precio de antemano o utilizar aplicaciones de transporte (Uber, Cabify, taxis de hotel) en lugar de parar a un taxi en la calle. Asimismo, evita a los vendedores ambulantes: pueden darte dinero falso. Por otra parte, te recomendamos preguntar siempre el precio antes de comprar o reservar una excursión, ya que a los turistas se les suele cobrar una «tarifa gringa» más alta. Lo mismo ocurre con algunos restaurantes (sobre todo en la costa caribeña), que aumentan enormemente el precio para los turistas.
- El hurto de carteras y el robo de coches son formas generalizadas de delincuencia menor en Colombia, sobre todo en grandes ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. Suelen ocurrir en zonas turísticas, transportes públicos, mercados o calles concurridas. El objetivo de los carteristas son los bolsos mal cerrados, los teléfonos en los bolsillos traseros o las mochilas que se llevan a la espalda. Los golpes en la puerta se producen cuando personas en moto arrebatan un bolso o un teléfono a través de la ventanilla abierta de un coche, a menudo atascado en el tráfico.
- Citas y drogas (escopolamina) – Las citas en línea pueden ser peligrosas, sobre todo para los hombres. Las autoridades han observado un aumento de los delitos en los que bandas colombianas utilizan aplicaciones de citas (Tinder, Bumble, etc.) para atraer a turistas solitarios. A menudo drogan a las víctimas (sobre todo con escopolamina, conocida como «burundanga», que las deja inconscientes) y luego las roban o secuestran. Varios casos recientes han saltado a los titulares: más de 30 turistas fueron encontrados muertos en circunstancias sospechosas en Medellín en 2023 (+30% frente a 2022), y se habla de un aumento del +200% de los robos a extranjeros a finales de 2023. Para limitar estos riesgos, evita los encuentros en lugares aislados y no te dejes seducir estúpidamente por una colombiana que no conoces…
- Manifestaciones – Las manifestaciones en Colombia son frecuentes y pueden surgir espontáneamente, sobre todo en grandes ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. A menudo se refieren a reivindicaciones sociales, económicas o políticas, relacionadas con el coste de la vida, las reformas del gobierno o los derechos de las poblaciones rurales. Aunque la mayoría son pacíficas, algunas pueden degenerar en enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden, que se traducen en bloqueos de carreteras, vandalismo y uso de gases lacrimógenos. Por ello, se aconseja a los viajeros que eviten las concentraciones, se mantengan al tanto de las noticias locales y eviten las zonas donde se celebren manifestaciones. El periodo de elecciones presidenciales en Colombia puede ser especialmente tenso, sobre todo en ciertas regiones del país.
- Otros peligros – En las zonas rurales y fronterizas existen riesgos asociados a los grupos armados. Las autoridades desaconsejan los viajes no esenciales a Caquetá, norte de Santander y toda la frontera con Venezuela (fuera de las principales ciudades). A lo largo de la costa del Pacífico (Cauca) y en algunas zonas remotas, actúan otros grupos armados y narcotraficantes. Con frecuencia imponen toques de queda o amenazan a los viajeros. Para estos viajes, preferir los desplazamiento aéreos recomendados por las embajadas.
Consejos para viajar tranquilo
Vigilancia en determinados lugares – Ten especial cuidado en lugares cerrados o aislados. En bares y discotecas, nunca dejes tu bebida sin vigilancia (riesgo de escopolamina). En estaciones de autobuses y mercados, lleva el bolso delante y ten cuidado con las aglomeraciones y los carteristas. Además, evita caminar solo por la noche, incluso en zonas urbanas, y prefiere viajar en grupo o en taxi.
Zonas preferidas/evitables – En cada ciudad, infórmate de cuáles son las zonas más seguras. En Bogotá, por ejemplo, las zonas más pobres del sur (Kennedy, Ciudad Bolívar, etc.) no son recomendables. Las zonas turísticas y de lujo (Chapinero, Parque de la 93, Zona T) son populares y más seguras. En Medellín, El Poblado y Laureles son generalmente más seguros durante el día, mientras que algunos barrios periféricos y puentes pueden ser peligrosos, especialmente por la noche o durante los partidos de fútbol. En Cartagena de Indias, el interior de las murallas (casco antiguo) y el barrio de Bocagrande son seguros durante el día, pero hay que tener cuidado con las callejuelas desiertas al anochecer. En cambio, las playas aisladas de Taganga o Palomino (costa caribeña) suelen ser objetivo de atracadores armados.
Transporte – Prefiere los taxis basados en aplicaciones (Uber, Cabify, Didi) o las compañías oficiales recomendadas por los hoteles. Nunca pidas un taxi en la calle sin comprobarlo antes. Los autobuses (tanto rurales como urbanos) son a veces objeto de robo: lleva siempre contigo objetos de valor (pasaporte, tarjeta bancaria, teléfono, etc.).
Comportamiento prudente (no dar papaya) – En Colombia, la expresión popular «no dar papaya» significa literalmente «no des papaya», pero su significado real es: no te hagas vulnerable ni le des a alguien la oportunidad de intimidarte o robarte. No muestres tu riqueza: evita llevar joyas ostentosas, relojes de lujo o manejar el teléfono en público. Lleva sólo el efectivo que necesites para el día. Retira dinero de los cajeros automáticos de los bancos. Al retirar dinero o efectuar un pago, oculte tu código PIN y comprueba que nadie te observa.
Conclusión
A pesar de una historia marcada por el conflicto y algunos problemas de seguridad persistentes, Colombia ha cambiado profundamente. Muchas zonas del país – incluidas las principales ciudades turísticas, los pueblos cafeteros, los parques naturales y la costa caribeña- son ahora acogedoras, llenas de vida y mucho más seguras que antes. Cada año, millones de viajeros descubren la riqueza cultural, la calidez humana y la diversidad natural de este fascinante país.
La cuestión de la seguridad en Colombia no puede resumirse de forma binaria: no es un país «peligroso» ni «totalmente seguro». La realidad tiene muchos más matices. Es importante alejarse de los extremos del discurso: por un lado, los que describen Colombia como un país que hay que evitar a toda costa, a menudo sin haber puesto nunca un pie en él; por otro, los que, seducidos por su propia experiencia de viaje, afirman que Colombia es más segura que ciertos países occidentales. La verdad se encuentra en algún punto intermedio.
Sí, sigue habiendo riesgos reales en algunas partes del país, sobre todo en relación con los grupos armados o el narcotráfico, pero estos riesgos afectan sobre todo a las poblaciones locales y a regiones aisladas que raramente visitan los viajeros. En cambio, las
Ningún país del mundo está completamente libre de riesgos. Sin embargo, a Caro, que siempre ha vivido en Bogotá, solo le han robado dos veces en su vida. Por nuestra parte, llevamos viajando a Colombia todos los años desde 2018, y simplemente siguiendo las reglas de sentido común mencionadas anteriormente, nunca hemos tenido el más mínimo problema.
Adoptando unas sencillas medidas de precaución, informándote sobre las zonas que hay que evitar y respetando la regla de «no dar papaya», podrás viajar a Colombia con tranquilidad… y volver asombrado.


